martes, 13 de agosto de 2013

La Amelia, surcando la mar



  La Amelia en el Porís de Abona







Las comunicación con el Sur de Tenerife se surcaban por la mar, con los barcos de cabotaje, como la Amelia, que de este modo, en femenino, como la mar, se nombra, se recuerda. Su ruta frecuente era de Santa Cruz a La Gomera y los puertos y calas del Sur de Tenerife: Santiago, Alcalá, Playa de San Juan, Puerto Adeje, La Caleta, Los Cristianos, El Porís de Las Galletas, Los Abrigos, Tajao, Tabaibarill, El Porís de Abona, Güímar o Candelaria.
Como recuerda José Castellano de la Cruz, Pepe Castellano, los armadores de la Amelia eran sus padres, Miguel Castellano Pérez y Amelia de la Cruz Fariña, que dedicaron sus vidas a la pesca y al cabotaje. Ese era el barco más bonito y más valiente que yo haya visto en mi vida. Lo construyó Juan Cabrera, en El Porís de Abona, para cuya quilla se cortó un pino en un monte propiedad de Ramón Fumero. La quilla y las roas se cortó en el monte de Fumero y se trajo por áhi pabajo con yuntas a cargar en la casa de don Manuel Solana, allí se cargó la quilla. En un camión se trasladó hasta El Porís, al lugar donde en la actualidad está el edificio El Chinchorro; en cuyo lugar también estuvo un campo de fútbol. El resto del material preciso para su construcción se acarreó de Santa Cruz. Fíjese tú qué tamaño tenía yo, que me llevaba yo a la casa de la Viuda de Yanes con el papel del maestro, el maestro hacía el papel de la madera, las pulgadas y el tamaño. La madera toda venía de Santa Cruz, tablas, clavos, todo eso venía en el Isora.

Anuncio de 1954

Su silueta balanceándose tanto transportaba mercancías como personas, así lo hizo infinitas veces en los festejos de Ntra. Sra. de las Mercedes o de la Virgen de Abona tal como se aprecia en la fotografía que acompaña este artículo. Y sobre todo fue la guagua que unió el Sur de Tenerife con La Gomera. Venía la gente, metía cabras y todo, los que podían ir en la bodega y los que no tapados en un enserado, del palo acá pa popa, un enserado, tapados allí, entrábamos en Los Cristianos los dejábamos y seguíamos nosotros pa Santa Cruz. Cogíamos los tomates en don Miguel Bello, a veces de don Juan Bethencourt y pa Santa Cruz. Transbordábamos al barco, al vapor que iba pa Londres, cuando estaba atracado, trabábamos y cuando no, echábamos los tomates en tierra, en el muelle.
Era la época dorada del cabotaje en el Sur, sobre todo en los años cuarenta cuando era habitual contemplar la silueta de la Amelia en el horizonte. Motovelero, que lleva el nombre de la madre de Pepe Castellano, Amelia, y con calle en El Porís de Abona. De unos 15 metros de eslora y al que se le instaló un motor “Bolinter” de 50 caballos, caminaba como un demonio, y que estuvo operativo entre 1940 y los primeros años de la década de 1960. Y Aún continúa, anudada su bella estampa al recuerdo de la vida cotidiana de este Sur.

El motovelero Atlántico

 
  Construcción del Atlántico, c. 1947

Al comienzo de la década de los años cincuenta la población del barrio de pescadores de Los Cristianos apenas sobrepasaba las novecientas personas, que habitaban 123 viviendas y 60 cuevas, además de otras 15 edificaciones para otros usos, según se anotan en el Nomenclator de 1950. La población crecía sin pausa, las viviendas iban en aumento tanto en calidad como en cantidad, las tiendas se iban multiplicando según las necesidades a cubrir. Los barcos que disponían estos pescadores eran pequeños, barcos ligeros de 6 ó 7 metros, con 2 ó 4 remos y a vela, cambiando su propulsión con adaptaciones de motores de camiones y coches, hasta que en esta década de los años cincuenta se pluralizó la utilización de pequeños motores marinos.
Es a finales de la década de los años cuarenta cuando el pescador José Martín Rodríguez, José Artista, quien ya tuvo otros pequeños barcos como los denominados, Carolina, San José o Bardino, construye el Atlántico, primer barco de estas características, mayor de trece metros de eslora, que se hizo en Los Cristianos. Y allí, a la orilla de la mar, se depositó la quilla, sostén del armazón; roda; cuadernas, cual esqueleto; tablas dando formas; calafateado y pintado antes de surcar rumbos en la mar.
Debió ser en la segunda mitad del año de 1947 cuando se comienza su construcción. Su permiso se solicita a la Comandancia de Marina con fecha de entrada del 6 de septiembre de 1947, pero por otros escritos que se entrecruzan entre la Comandancia de Marina y la Inspección de Buques, debió estar iniciada su construcción, ya que con fecha de octubre se informa de que se encuentra terminada la embarcación, con un coste de 60.000 pesetas en materiales y 20.000 en jornales. Así en febrero del año siguiente se notifica que la embarcación esta arqueada, con un peso de 19,44 toneladas, y que ya está instalado su motor. Registrándose ante el notario Lorenzo Martínez como declaración de obra nueva con fecha 17 de marzo de 1948.
Y allí, a la orilla de la mar, con la proa mirando a la mar, creció el Atlántico, a golpes de hacha, a ritmo de cerrote, cepillo y clavos. Así construyó el armador José Martín Rodríguez este barco que alargó su eslora hasta los 13,50 metros, con 3,70 de manga y 1,60 de puntal. Y en ese viejo lugar que en otros tiempos olvidados se denominó el Varadero de Acá, se le puede contemplar, a medio construir y donde se reconoce a unos de sus carpinteros, e hijo de José Artista, José Martín Melo, José el Chico

  El Atlántico y el embarcadero de Los Cristianos, c. 1950


El primer destino del barco fue el cabotaje entre La Gomera y Tenerife, transportando productos de exportación y mercancías de racionamiento. Y sobre todo es recordado por la presencia de su bella estampa en las procesiones marítimas en las fiestas de Ntra. Sra. del Carmen, como la del 3 de septiembre de 1950, cuando parte de su templo, recorriendo las calles principales y continuando por todo el litoral de la bahía, acompañadas por todos los vehículos que se encuentran en la localidad, hasta El Puertito, lugar en que serán embarcadas las sagradas imágenes en el motovelero Atlántico, acompañado en todo el recorrido marítimo por los botes y falúas del puerto, artísticamente engalanados, y quemándose durante el recorrido vistosos fuegos artificiales. La procesión desembarcará por el muelle de este puerto.
El contar con un barco de su altura supuso, para estos festejos, la introducción del concurso de las sortijas marítimas, y que en la actualidad poseen gran arraigo entre los pescadores playeros. No se ha podido precisar el año de su comienzo, pudo tener lugar a finales de los cincuenta o a comienzos de los sesenta, donde ya se cumplen las condiciones para su desarrollo al contar con un barco apropiado, el Atlántico, y con diversos barcos con motor.
  El Atlántico con su nueva cabina, c. 1958
En la segunda mitad de la década de los años cincuenta se le realizaron una serie de modificaciones y mejoras. Así en 1956 se le autoriza por el Comandante de Marina de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife los trabajos de acondicionamiento para dedicarse a la pesca: una nevera con capacidad de siete toneladas; otra bodega para diez toneladas.; tanques para combustible y agua dulce; además de las mejoras en el casco, instalación eléctrica, etc. En junio de 1958 se da por terminada la instalación de un nuevo motor: BMC (British Motor Corporation), de 65/105 BHP, con 1500/2600 revoluciones por minuto, con una velocidad media de 7 millas por hora. Y en noviembre del mismo año se autoriza al cambio del puente por una camareta en cubierta de 5 metros de largo, 2,38 m. de ancho y 2,2 m. de alto. Con esta última adaptación se mejoran sus condiciones para la pesca en el banco pesquero africano, al que ya se había trasladado. Con fecha 5 de abril de 1971 esta embarcación pasa a ser propiedad del vecino de Santa Cruz de Tenerife, Filiberto Rosales Martín.
Más de veinte años surcó el Atlántico las aguas de este Sur tinerfeño, más de veinte años saliendo y entrado de la bahía de Los Cristianos, dedicado al cabotaje entre las islas, sobre todo entre La Gomera y Tenerife, y a la pesca. Su marinera estampa sobresalía, especialmente, con la llegada de las mareas de septiembre, esas que traen los festejos en honor de la Patrona de la mar; cuando el Atlántico, el barco de Los Artistas, se vestía de gala para conmemorar las fiestas en honor de la Virgen del Carmen y de San José. El domingo portaba la Imagen de la Virgen en la procesión marítima; el lunes era el día reservado para los lugareños, para los que era imprescindible el paseo costero en el Atlántico; y el martes sostenía el palo donde se enredan las cintas para la siempre reñida sortija marítima.    
 
  Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Y Arona. Tradiciones festivas. Llanoazur ediciones 

Trilla en Vilaflor. c. 1945


Trilla en Vilaflor. c. 1945
 
La agricultura de secano, junto al pastoreo y la pesca, fueron durante siglos las fuentes de alimentación de nuestros antepasados. El cereal era el principal cultivo en muchas zonas de nuestra geografía; trigo, cebada y centeno principalmente. Antes que llevarlo a la mesa, normalmente en forma de gofio, había que segarlo y trillarlo, separar el grano de la paja. 
Finales de primavera y comienzos de verano, mes de San Juan y mes de Santiago, eran momentos de siega y trilla. Pero también eran tiempos de veraneo, de visitas de familias acomodadas a sus propiedades en Vilaflor. Dos actividades que se han unido en esta fotografía, que creemos ha sido obtenida en la era de Los Cortados a mediados de la década de 1940. 

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

 

 

Ganado bovino en el Sur de Tenerife




  Trilla en Casitas Viejas, Santiago del Teide. Fotografía del Colectivo Arguayo
 
La ganadería menor, cabras, ovejas y cerdos, constituía un sustento básico para los guanches del Sur de la Isla de Tenerife. El ganado bovino se introdujo con los nuevos colonizadores, sobre lo cual se encuentran referencias en los Acuerdos del Cabildo de Tenerife, reflejados en la edición de Elías Serra Rafols. En el acuerdo del 11 de julio de 1503 se ordena que las vacas de La Laguna, de los vecinos estantes en esta isla las saquen a Tegueste, y las otras que las saquen a Adexe e Abona. En este sentido es también lo dispuesto en enero de 1504, pero se especifica que dichas vacas non pasen del término de Abona porque Adexe queda para los ganados menudos de los vecinos.
Como expone Pedro Miguel Martínez Galindo en La vid y el vino en Tenerife en la primera mitad del siglo XVI, las tierras de Abona y Adeje no fueron puestas en explotación en los primeros años de su colonización debido a su escasa calidad. Las tierras del Barranco de Chasna pasa por varias manos antes de comprarlas, en 1525, Juan Martín o Martínez de Padilla, quien inicia su explotación, además de adquirir otras propiedades en la comarca. Al casarse su hija, Juana de Padilla, con Pedro Soler, le permite a éste acceder a esta propiedad, y con ellas obtuvo, además, unas 78 reses vacunas y bueyes para sus yuntas.
  Preparación del terreno en Agua Dulce, Guía de Isora (Foto U. Ahlers)
La referencias documentales, en las que se reflejan el número del ganado bovino, se jalonan a lo largo de los siglos. Su principal uso fue como animal de trabajo, en las roturaciones y en el arrastre de piedras, maderas o cualquier otro material. Sin desechar su capacidad lechera, de crianza, e incluso festiva, al utilizarse para corridas de toros, como indica Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico estadístico histórico de España y sus posesiones de ultramar, sobre los festejos en Santiago del Teide, con datos para mediados del siglo XIX. Se celebra una feria el día de San Pedro Apóstol, con corrida de toros y fuegos artificiales. Asimismo, en el siglo XIX, se encuentran documentadas en los festejos celebrados en Arona y hasta inicios del siglo XX en Guía de Isora.
En algunos padrones de población de los siglos XVIII y XIX, en los cuales se contabiliza el ganado existente, se encuentran múltiples referencias al ganado bovino en el Sur de Tenerife, y en numerosas ocasiones se asientan como yuntas de vacas. Como ejemplo de la importancia que tuvieron estos animales en el trabajo de la tierra, al registrar las yuntas de vacas, o de bueyes, se aprecia en el Estado general de la población de Adeje con expresión de la fuerza y útiles de transporte, realizado por el Ayuntamiento de Adeje en el año de 1859, en cuyo apartado, Yuntas de vacuno, se anota la existencia de 87 yuntas.
Yuntas de vacas en Las Chafiras, San Miguel de Abona
En las estadísticas agrícolas realizadas por los Municipios sureños, en el año de 1878, a solicitud del Gobernador Civil de la Provincia de Canarias, se registra el número de cabezas de ganado vacuno. Para Adeje se anotan 166 cabezas, casi todas designadas al trabajo ya que se especifica que se cuenta, contabilizadas en el total citado, con 80 yuntas de vacuno. En Arico, 32, 16 yuntas. Arona, 18, sin detallar el número de yuntas. Guía de Isora, 20, 10 yuntas. San Miguel, 2 cabezas de ganado vacuno. Santiago del Teide, 19, 9 yuntas. Como comparativa con los demás animales citemos la estadística de Granadilla: 50 cabezas de ganado vacuno, que forman 25 yuntas; con 60 de ganado caballar, con 25 yuntas; 250 de ganado asnal, con 100 yuntas; y 300 de ganado mular, con 120 yuntas.
La memoria de aquellas personas que obtuvieron de la tierra, la escuela, enriquece y le aporta calor a estas estadísticas. A esa escuela apegada a la agricultura y a la ganadería, en la que apenas había tiempo para el aprendizaje, es a la que asistió Pedro Bethencourt Domínguez (Vilaflor, 1914), en la que asimiló las labores de arado. Cuando yo tenía doce años, entonces mi padre al no haber más varones me enseñó tres días, y yo tenía que arar, un muchacho chico. Había una yunta de vacas y una la llamaba Florina, y otra Manzana. Yo cogía, levantaba el yugo así, llamaba primero por Florida, después por Manzana, venían. Pero no podía con el arado, pa virar en la punta me echaba la mancera aquí [en el hombro] pa dar la vuelta. Pedro Bethencourt también comercializó pieles de cabra y de vaca, que vendía en el Mercado Nuestra Señora de África de Santa Cruz de Tenerife.
La yunta de vacas, cual ideal para tirar del arado romano en el acondicionamiento de huertas o en la puesta en cultivo, se asienta en el recuerdo de Casimiro Díaz Hernández (Vilaflor, 1923). La vaca ara muy finita, la tierra va quedando muy bonita y el camello donde vira las puntas las apisona toda. Si hay muchos trabones, hay tierra que tiene muchos morritos debajo, muchos trabones, el camello no sirve porque se lo lleva, traque, traque, traque, y no aumenta nada. La vaca sí, cuando llegó  y trabó agacha la cabeza y entonces toda la tierra que iba en el arado quedó sobre el risco, apenas usted le mueva el arado sigue. Y la bestia es igual repela pallá, lo mejor parar, pa nosotros, la vaca.  
En las décadas de los años sesenta y setenta del siglo XX ha descendido el número de reses dedicadas a las labores del campo y ha aumentado la cifra de vacas lecheras. Sobresale el año de 1974, cuando en Arona se contabilizan 573 animales de ganado bovino, o en Granadilla y Adeje, en cuyos lugares sobrepasan largamente las trescientas. A partir de estos años va decreciendo su número, hasta llegar al año de 1990, cuya cifra se encuentran entre las 2 de San Miguel de Abona y las 89 de Guía de Isora.
La importancia en las tareas agrícolas y del valor que se tasaban estos animales lo muestran dos ejemplos. El de la Valoración de los productos de la ganadería en el año de 1940 para San Miguel de Abona, y el arbitrio sobre tránsito de animales, correspondiente al año de 1950, en Adeje. En el primero y en el apartado de Valoración del trabajo de los animales, se aportan los datos en el acarreo y recolección, tasándose por un día de trabajo. El camello en 5 pesetas; igual que una yunta de caballos o mulos; la yunta de vacuno en 6 pesetas y las de los burros en 3 pesetas. Se valora en mayor medida el trabajo del camello, ya que al resto lo es por yunta, por la pareja de animales. Y en Adeje, según datos recogidos del Padrón para la cobranza del arbitrio sobre tránsito de animales por las vías públicas, el impuesto que se abona por cabeza de ganado, se fijaba en 2 pesetas por el lanar y el cabrío. Por el burro y el cerdo, 5 pesetas. Por una vaca o un camello, 10 pesetas. Por mulos y caballos, 7,5 pesetas. 
Ganado bovino que ha tenido su importancia en el acontecer de este Sur. Al que se ha podido contemplar en roturaciones, en arrastre, en transporte o en labores de trilla. Del que se ha aprovechado su carne, su leche, sus cueros y hasta su apreciado estiércol. Que ha dejado su huella en diversos topónimos: Punta la Ternera, El Becerro, Charco de las Vacas o Barranco de la Pasada de los Bueyes. Pero sobre manera ha formado parte del esfuerzo de las personas que han ido poblando este Sur, de esas que conocen perfectamente el sudor del esfuerzo, el que moldea la tierra, entre la que brotaba el trigo o la papa, de esas personas que crecieron aprehendiendo la vida junto al ordeño y al arado.

El Sporting Club Águila de Adeje, en la década de 1940


  Sporting Club Águila c. 1948      Cedida por Pepe Nené

De los inicios de la práctica del fútbol en el Sur de la Isla se tiene referencias desde la segunda década del siglo veinte, pero no es hasta finales de los años veinte y comienzos de los treinta cuando adquiere cierta relevancia. Hasta la década de los años sesenta se encuentran numerosos altibajos, con años donde este deporte se juega por múltiples rincones, aprovechándose las conmemoraciones de las fiestas patronales, torneos relámpagos, homenajes o excursiones organizadas desde Santa Cruz de Tenerife; y otros en los que languidece. 
De Adeje se tiene noticias de la década de los años treinta cuando se comienza a acondicionar el nuevo campo de fútbol en la zona de El Galeón. Con anterioridad se jugaba en un pequeño terreno que existía en El Cerco, tal como nos apunta José Trujillo de la Paz, Pepe Nené: el primer campo de Adeje estaba donde está el centro médico hoy, allí le llamamos El Cerco, y después se hizo abajo. Lo empezaron ellos, esa gente mayor, después el batallón lo terminó, después de la guerra y después nosotros jugamos allí.
En los años treinta se comenzó a acondicionar la zona de El Galeón, en la propiedad de Casa Fuerte, y según informa la prensa de la época debido al sportman Julián Pérez se está construyendo un magnifico campo de fútbol con las condiciones que marca el Reglamento. En estos años existió un equipo bajo la denominación de “Stella Polares”, quien contaba con los siguientes jugadores: Toledo; Vega, Rivero; Boy, Socas, García; Trujillo, Camilo, Reverón, Isidro, Juanito.
La Guerra Civil Española ocasionó un receso en la actividad deportiva, que se retomó en 1940 al constituirse la sociedad deportiva “Sporting Club Águila”, que tuvo local social en la calle General Franco, 20; y cuya primera Junta Directiva, estaba compuesta por: Presidente, Antonio Trujillo Toledo. Vice-presidente, Juan Clemente y Clemente. Secretario, Sinforoso Delgado Bello. Tesorero, Anselmo Zaragoza García. Agustín González Pérez. Vocales, Camilo Correa Melo, Manuel Bello Morales, José Esquivel Pérez y Antonio Clemente y Clemente.

  Sporting Club Águila c. 1950             Cedida por Pepe Nené
Durante los siguientes años se fueron sucediendo diversas Juntas Directivas, como la de 1942, en la que ejerció de presidente Aquilino Godoy Martínez o la del año siguiente con Álvaro Afonso Delgado. Pero no fue hasta la segunda mitad de la década de los años cuarenta cuando verdaderamente tomó un impulso su práctica. Y son de estos años de los que queremos anotar algunos pormenores, y a los que corresponden las imágenes, cedidas y identificados sus componentes por Pepe Nené, que acompañan este comentario. En la primera, en la que todavía existían los postes cuadrados de las porterías, se recoge a Francisco Lima, Desiderio Clemente, Jaime Márquez, Julio Trujillo, Anselmo Zaragoza, Capote, Nicolás Trujillo, El Canario, Pepe Nené, Sinforoso Delgado, Manuel Bello y Miguel Galindo. De cuchillas se encuentran: Paco Esquivel, Francisco Clemente, Arturo Trujillo, Juan Delgado, José Hernández. En la segunda, posiblemente sea de comienzo de los años cincuenta, se encuentran: Anselmo Zaragoza. Padrón. Cirilo. Arturo Trujillo. Pepe Nené. Bandera. Fefo. Un trabajador de telefónica. Miguel Trujillo Bello. un jugador que residía en Guía de Isora, Nicolás Trujillo y Ramón.
Como relató uno de estos protagonistas, Pepe Nené, que formó parte de los diversos equipos que constituyeron el “Sporting Club Águila”, eran momentos de escasez, de jugar con lonas, de confeccionarse camisas de tela de saco, de encargarse las botas en Santa Cruz de Tenerife, con los camiones que iban a Santa Cruz, le dábamos el número y los hacían, tenían chasos debajo, para jugar en tierra. A jugar, a los pueblos cercanos, se iba en guagua y en camiones, provistos de una buena bolsa de bocadillos. Los recursos no estaban para muchos dispendios, como así lo corrobora un inventario realizado antes del comienzo de la temporada de 1948 y donde se contaba, entre otros utensilios: 11 camisas, 11 pantalones, 2 pares de guantes, 2 redes, 11 medias, 3 balones (de los que dos estaban deteriorados), 2 cámaras, 1 caja de parches, 2 camisas de portero 1 sello de caucho o 10 pares de zapatos.
En 1947 el equipo estaba presidido por Álvaro Afonso Delgado; contando como secretario a Manuel Bello Ramos; tesorero, Antonio Bello Toledo; contador, José Carballo Alemán; y como vocales, Antonio Clemente Alayón y Miguel Ruiz Carballo; el preparador era Jaime Márquez Castellano.
A finales de 1948 desde el “Sporting Club Águila” se remite escrito, a la Federación Tinerfeña de Fútbol en la que se le adjunta las licencias de los jugadores siguientes: Anselmo Zaragoza García. Sinforoso Delgado Bello. José Trujillo de la Paz. Juan Delgado Bello. Nicolás Trujillo Trujillo. Cipriano Gutiérrez González. Antonio Hernández Alayón. Antonio Hernández Rivero. Arturo Trujillo Rivero. Manuel Rodríguez García. José Hernández Carballo. Julio Bello Trujillo y Manuel Guirola Socas.
Entre los resultados acaecidos a finales de la década de los años cuarenta podríamos destacar el que se informa como el primer partido que se jugó en Adeje, después de resurgir otra vez la afición a este deporte. Lo disputó, en diciembre de 1947, al San Antonio de Granadilla, al que venció por un gol a cero, marcado por Trujillo. En mayo de 1948 se jugó un Torneo Relámpago en Granadilla de Abona, y cuyo vencedor resulto ser el “Sporting Club Águila”. En el primer encuentro se enfrentó al equipo de Vilaflor, con el que empató a un gol; el segundo también terminó en empate, a cero, con el Granadilla; eliminado a los dos equipos por haber cometido un menor número de faltas. La final se la ganó al Marino de Los Cristianos, por dos goles a cero, que fueron marcados por Tuti y Nicolás, Arturo Trujillo y Nicolás Trujillo.
A finales de 1948 y comienzos del año siguiente se disputó, por el sistema de liga a doble partido, un campeonato regional de tercera categoría. El Águila de Adeje se proclama campeón de su grupo, en el que participaron el Arona, Marino, San Francisco e Igara; terminando imbatido y con 18 goles a favor y 6 en contra. En esos momentos el campo del Águila tenía unas medidas de 103 por 65 metros, apuntándose que su terreno era un poco blando, lo que se intentaba mejorar; contando con el primer terreno de juego que disponía de postes redondos.
Por estos años, además de algún torneo más o menos oficial, era costumbre organizar múltiples partidos amistosos, y no sólo con los equipos de los pueblos circundantes, sino además se preparaban excursiones con equipos de Santa Cruz de Tenerife.

Buque hidrográfico. Porís de Abona. c. 1950


  Buque hidrográfico. Porís de Abona. c. 1950
 
Imagen insólita en el puerto del Porís de Abona. Creemos que es el buque hidrográfico de la armada española, el Tofiño; atracado, o mejor habrá que decir arrimado en su popa, en este pequeño muelle, en el cual no tenían cabida sus casi 70 metros de eslora. Esta fotografía bien pudo ser obtenida a finales de la década de los años cuarenta o comienzos de los cincuenta cuando realiza trabajos hidrográficos en las islas, alternándolos con la costa de África. 
Con este texto se publicó en Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960], en 2007, e indicando que era el Tofiño. Con posterioridad la pescadora del Porís de Abona, Candelaria Rodríguez Morales, opina que es el Malaspina, de iguales características y que también realizó labores topográficas en las costas del Sur en los años cincuenta.